Mi anécdota.

Hace unos días me sucedió algo en la escuela, y de eso aprendí que no puedes confiar en la gente. Yo presté mi credencial a cambio de un balón de voleibol, mis compañeros y yo jugamos un rato hasta que sonó el timbre para regresar a clases. Yo cometí el error de subirme al salón y dejar el balón en manos de mis compañeros ,sin embargo, la perfecta al ver que lo siguen utilizando cuando ya no se debía se los recogió. Yo no supe del incidente hasta la última clase cuando mis compañeros me dijeron lo que sucedió, me enojé y no sabía que hacer así que decidí salir y arreglarlo hasta el día siguiente, pero el coraje fue tan grande que le dije a mi mamá lo sucedido y regresamos a la escuela recuperar mi credencial y aclarar lo ocurrido;sabiendo que me iba a ir peor. Hablamos con el profesor de educación física y accedió a devolverme la credencial ahora faltaba aclarar las cosas con la prefecta. Estaba en dirección cuando la interrumpimos por algunos momentos para charlar, lamentablemente dije las palabras equivocadas y la y se queda como mentirosa delante de mi mamá. Ella me aclaró lo sucedido y me dijo una seria frase que me hizo darme cuenta que nadie más que yo voy a responder por los errores que cometa:

«buena tu, mala tu»

«buena Yo, mala yo»

Al final de cuentas, el error fue mío por dejar el balón en manos de mis compañeros, cuando debí de haberlo metido al salón o entregarlo al momento. Con eso aprendí que las palabras hieren y provocan conflictos cuando son mal utilizadas y que no debo por nada del mundo confiar en la gente, además hacerme responsable de los compromisos que adquiera.

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